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El sedentarismo, junto con algunos condicionantes patológicos que suelen acompañarle como la obesidad, la resistencia insulínica y la depresión, es uno de los factores  que aumenta el riesgo de padecer cáncer.  Estudios científicos han demostrado que las personas físicamente activas tienen un 50% menos de riesgo de padecer cáncer que las personas sedentarias (World Cancer Research Foundation).

Se ha comprobado que la actividad física es muy beneficiosa, no sólo como prevención sino también para  el tratamiento y recuperación del CÁNCER.

 

Tanto en la fase de tratamiento  como en la fase de recuperación, el ejercicio físico, además de funcionar como antioxidante natural que ayuda a eliminar los desechos químicos de los fármacos, fomenta un ambiente alcalino en el organismo con la entrada de oxígeno, y con ello promueve la recuperación, ya que las células sanas se alimentan de oxígeno y las células cancerosas de un ambiente ácido. Otro de los beneficios de la actividad física para el tratamiento de esta enfermedad  es que estimula la liberación de sustancias (dopamina, oxitocina, serotonina, endorfina) que ayudan a mejorar el ánimo de las personas y que bloquean la producción  de la hormona ACTH ( la hormona del estrés). En general, la práctica del ejercicio durante el periodo de tratamiento favorece la asimilación del tratamiento, reduciendo la incidencia de efectos secundarios, y mejorando la expectativa y calidad de vida de los pacientes.